Cuando un amigo se va...

 Por: Rafael Herrera Aguirre  

Tristeza en el corazón, por la irreparable pérdida de un gran ser humano, es el sentimiento que en este momento quiero compartirles amigos cibernautas.

Les comentaré que en 1993, tras concluir el curso arbitral coordinado por el Lic. Marco Antonio Miranda Zaragoza donde logré titularme como Árbitro Nacional, recibí un mensaje en mi radio que me indicaba que tenía que comunicarme con el Prof. Arturo Brizio Ponce de León a la Comisión de Árbitros. Así lo hice y fue el propio Lic. Brizio Ponce de León quien me dijo “Rafa tras revisar tu expediente, la Comisión de Árbitros ha decidido integrarte al panel de árbitros profesionales, ¡muchas felicidades!”, esa comunicación telefónica cambió el rumbo de mi vida, ya que a partir de ese momento inicié una carrera en activo que me dejó muchas satisfacciones personales, mismas que procuré compartir con mi familia y amigos.

En esta semana recibí también una llamada, ahora a mi teléfono celular, de mi querido profesor Epifanio Baños que me decía “me acabo de enterar de que Papá Brizio ha fallecido”, esta noticia me ha causado desconcierto y tristeza, porque comprendí que un amigo con quien compartí el pan y la sal, amén de enseñanzas, anécdotas y el placer de viajar rumbo a un partido de futbol profesional donde fue mi visor, nos había dejado para siempre.

Hoy recuerdo con gusto, no sólo al ejemplar padre de familia de Arturo y Eduardo que supo instruir técnicamente a muchos de mis colegas en el difícil, pero satisfactorio, arte del arbitraje de futbol, sino al amigo y ejemplar instructor de convenciones arbitrales que siempre logró compartir su pasión por nuestra profesión con un estilo único y verdadero.

Desde estas líneas vaya un fuerte abrazo de consuelo y solidaridad para mis amigos Arturo y Eduardo Brizio Carter, con quienes tuve el privilegio y placer de compartir el terreno de juego en partidos nacionales e internacionales, para que encuentren pronta resignación por la irreparable pérdida de su señor padre.

Me despido en esta ocasión recordando la letra de Alberto Cortés que retrata el sentimiento que vivo en este momento: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo”...

¡Hasta siempre Dn. Arturo!, lo recordaremos con cariño...