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 Por: Internet  

¿Ganaron?

El pasado fin de semana se vivió un hecho histórico, cuando los árbitros se negaron a conducir los partidos de la décima jornada, al no estar de acuerdo con las suspensiones de Pablo Aguilar y Enrique Triverio con diez y ocho partidos, respectivamente, emitidos por la Comisión Disciplinaria, los cuales están tipificados en el reglamento de sanciones, que es “confuso y ambiguo”.

 

Esto debido a que en el artículo 18 inciso “n” habla de una suspensión de un año por agredir a un oficial del partido; sin embargo, el artículo 33 (agresiones), en tres incisos, se contrapone al antes mencionado; a) Agredir a un oficial dentro de la cancha, terreno de juego, pasillos o túneles, o acceso de vestidores: de uno a diez partidos de suspensión y multa de 18 a 450 UMAs; c) Agredir a los oficiales del partido por cualquier medio, un año de suspensión en todas sus funciones y multa de 36 a 450 UMAs, y n) Intentar agredir a los oficiales del partido, de tres a nueve partidos de suspensión y multa de 60 a 1,500 UMAs.

Por tal motivo, los silbantes le avisaron a su presidente, Héctor González Iñárritu, las medidas a tomar, sin embargo, el señor Enrique Bonilla, en conferencia de prensa, mencionó que había sido “unilateral” el paro, otro error más de los federativos.

 

Por todo lo anterior, el presidente de la FMF tuvo que conciliar con los silbantes y cumplirles la petición de un año para cada jugador, propiciando otro error, ya que el jugador toluqueño sólo fue reportado por intento de agresión.

 

A todo esto, los árbitros dan la impresión de haber ganado el respeto que en los últimos años habían perdido, cuando sufrieron menoscabos, insultos, etcétera, motivo por el cual se debe aplaudir ese logro, pero, a la vez, considero que ahora están comprometidos a mejorar ostensiblemente su accionar en la conducción de los encuentros, aplicando en forma responsable y adecuada las reglas de juego para recobrar también la credibilidad; de no ser así, de poco habrá servido su movimiento y, como tal, se tomaría como un fracaso.

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